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    Behind the bottle: Nadia Curto

    Nadia Curto hace Barolo en La Morra como se hacía antes de la química: poquísimos sulfitos, viñas centenarias y un estilo propio, entre tradición y libertad.

    Convivio Wine2 min de lectura
    Behind the bottle: Nadia Curto

    Hay quien hereda el vino y quien lo elige. Nadia Curto hizo las dos cosas. Creció en La Morra, entre las viñas que su familia cultiva desde hace más de sesenta años, pero para entender lo que de verdad quería tuvo que marcharse, estudiar, hacer otra cosa. Hasta que una noche una copa de vino natural le abrió un mundo, y volvió a casa con las ideas claras.

    Esas cuatro hectáreas, en la colina de Arborina, son las mismas de su padre Marco y de su abuelo. Viñas viejas, algunas centenarias, plantadas sobre margas azules orientadas al sur, donde el Nebbiolo se toma el tiempo que necesita. Hoy las cuida ella, y desde hace poco también su hijo: la tercera generación, sin ninguna gana de cambiar las reglas del juego.

    Su idea de vino natural desarma por lo sencilla. Hacer vino sin química de síntesis, dice, como hacían su padre y su abuelo antes de que esos productos existieran. Al principio parecían una bendición; con el tiempo resultaron un veneno, para las personas y para la tierra. Así que Nadia volvió al origen: suelo vivo, estiércol natural, todo a mano, y una viña que, acostumbrada a arreglárselas sola, se vuelve más fuerte. Cuando la uva llega llena de vida, la fermentación arranca por sí misma, sin necesidad de estudiar nada.

    El secreto de su estilo está en un equilibrio que pocos encuentran. De su tío, Elio Altare, cabecilla de los Barolo Boys, aprendió la escuela moderna: la barrica, las maceraciones más cortas para suavizar los taninos y dejar brillar la fruta. Pero en sus manos la barrica es vieja, usada; no aporta madera ni vainilla, solo un poco más de oxígeno al vino. Tomó la herramienta del maestro y le quitó el truco. Así nacen sus dos Barolos: La Foia, tradicional, criado en grandes botti; y Arborina, donde la lección del tío se vuelve algo suyo. Vinos que caminan por el filo entre lo clásico y lo moderno, de raíces antiguas y ya listos para beber.

    Y luego está lo que en Barolo casi nadie se atreve a hacer: poquísimos sulfitos. En lugar de filtrar, deja que el frío del invierno haga la limpieza, decantando el vino despacio. Menos manos, más confianza. El resultado no es nunca un vino tímido, al contrario: tiene el carácter pleno y franco de quien lo hace. Porque cuando la conoces, Nadia te conquista antes con su entusiasmo que con sus botellas. Después abres una, y entiendes que son la misma cosa.

    El vino natural es solo esto: hacerlo sin química, como se hacía antes de que la química existiera.
    Nadia Curto
    El productor de esta historia
    Nadia Curto
    Piemonte · Italia
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